Plaza Tiradentes, Ouro Preto. Minas Gerais, Brasil.
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Hoy, 21 de abril, es uno de los feriados más importantes de Brasil: es el Día de Tiradentes.
Copio y pego de Wikipedia:
Joaquim José da Silva Xavier, quien entrara a la historia con el apodo de Tiradentes, -es decir, sacadientes, o dentista- (Minas Gerais, 16 de agosto de 1746 – Río de Janeiro, 21 de abril de 1792) fue un militar, minero, comerciante y activista político brasileño, conocido como héroe nacional del Brasil por haber asumido en exclusiva la responsabilidad de la Conspiración Mineira, primer intento serio de independizar a Brasil del Reino de Portugal a fines del siglo XVIII.
La Conspiración Mineira, conocida como la Inconfidência (“deslealtad” o “traición”, un término portugués de la época), sucedió en Minas Gerais en 1789, cuando las élites de la región, conocedoras del éxito la sublevación de las colonias de América del Norte, decidieron liberarse del yugo de la administración colonial. Minas era una de las provincias más ricas de Brasil y los lusos, para mantener el aislamiento, impedían la construcción de imprentas y caminos. Además exigían a la región el pago de un monto equivalente al 20% de la producción de oro, el “quinto real”.
Así las cosas, cuando a fines del siglo XVIII los productores tuvieron dificultades en sostener el ritmo elevado de producción de oro, la monarquía portuguesa impuso un nuevo tributo, llamado “derrama”, por el cual los principales terratenientes y mineros deberían abonar, a título personal, el monto faltante de oro en el “quinto real” abonado por la provincia de Minas Gerais a la metrópoli. Esto exaltó los ánimos y comenzaron a forjarse planes de para una revuelta masiva que proclamase la independencia de Minas Gerais.
La Conspiración Mineira, pese a no contar con un programa unificado, no solo atrajo a terratenientes y mineros, sino a oficiales del ejército portugués, intelectuales y clérigos, así como comerciantes, artesanos y operarios.
La conspiración estaba planificada para estallar en cuanto el gobernador portugués, el Visconde de Barbacena, proclamase oficialmente la vigencia de la derrama, fecha cuando los “inconfidentes” proyectaban aprovechar el descontento para iniciar su revuelta. No obstante, en junio de 1789 la conspiración fue denunciada por uno de sus integrantes, Joaquim Silvério dos Reis (1756-1792), que aceptó delatar los hechos a las autoridades portuguesas a cambio que le fueran perdonadas sus deudas con la Corona. Las acusaciones causaron una serie de arrestos contra personajes de la élite de Minas Gerais, incluyendo grandes terratenientes y comerciantes, acusados del grave crimen de “inconfidência” y presos de lesa majestad remitiéndose por tanto a todos los acusados a Río de Janeiro.
Casi la totalidad de los procesados negaron su participación en la conspiración, a excepción de Tiradentes, que asumió la plena responsabilidad de la revuelta proyectada, ante la negativa de sus demás compañeros de aceptar culpa alguna en el movimiento independentista. El proceso y prisión de los conspiradores duró hasta 1792, siendo que la mayoría de ellos evitaron las condenas gracias a su posición social, influencias ante la corte de Lisboa, o para evitar un escándalo público.
Finalmente en Río de Janeiro se dictó la sentencia final el 18 de abril de 1792, donde se condenaba a muerte por descuartizamiento y decapitación a doce conspiradores. No obstante, al día siguiente se leyó un decreto adicional llegado desde Portugal, donde todos los condenados a muerte tenían conmutada su pena por la de destierro perpetuo en la colonia portuguesa de Mozambique, excepto quienes hubieran sido juzgados “bajo circunstancias agravantes”. Ello causó que la única excepción a esta conmutación fuera el dentista Tiradentes, el único de los condenados que carecía de riqueza o influencias en la administración colonial que pudieran salvarlo, y que además se había reconocido como responsable de la sublevación.
Sigo:
En la mañana del sábado 21 de abril de 1792, Tiradentes recorrió en procesión las calles engalanadas del centro de la ciudad de Río de Janeiro hasta el patíbulo. Ejecutado y descuartizado, con su sangre se firmó la certificación de que se había ejecutado la sentencia de muerte y se declaró su memoria infame. Su cabeza se plantó en un poste en Vila Rica y sus restos mortales se distribuyeron a lo largo de Caminho Novo: Cebolas, Varginha do Lourenço, Barbacena y Queluz, la antigua Carijós; lugares en los que expuso sus discursos revolucionarios. Su casa fue destruida y todos sus descendientes deshonrados.
Tengo en mis manos un libro de Historia de Minas Gerais que me regalaron este verano. Traduzco:
La fama de Tiradentes llegó a finales del siglo XIX, con la campaña para la implantación de la República de Brasil. Para los propagandistas del nuevo sistema de gobierno, Tiradentes personificaba el modelo perfecto que precisaban: hombre simple y generoso, líder popular y patriota, mártir de la Independencia. Con la victoria de la República en 1889, Tiradentes ganó el reconocimiento del gobierno y del pueblo que se le da a las grandes figuras de la vida nacional.
La fotografía que encabeza este texto es la Plaza Tiradentes en Ouro Preto, la capital colonial de Minas Gerais. Al fondo se ve el Museo de la Inconfidência , que fuera la Casa de Cámara y Cárcel de Vila Rica (nombre de la ciudad hasta 1823). El edificio data de 1784 y allí se guardan y exhiben objetos y documentos relacionados con la Conspiración Mineira. En el medio de la plaza se encuentra el monumento a Tiradentes, obra de Virgílio Cestari, erigido en 1894.
Fuentes: Wikipedia. Enciclopedia Itaú Cultural de las Artes Visuales (online). Minas Gerais- História, por Francisco M.P. Teixeira.







