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Wonderwall

Mientras tanto Ouro Preto, la ciudad de oro, refulgía bajo la lluvia y los latigazos de los relámpagos, y nos devorábamos el tiempo sentados en ese bar del primer piso y la lluvia entraba por la ventana y nos comíamos el açaí, vos, como siempre, muy pero muy despacio, yo fascinado con el sabor y con tu mirada y con tu voz, y en los parlantes sonaba Oasis, una, dos, cien veces repitieron Wonderwall mientras los minutos duraban horas y las horas años y no paraba de llover en Ouro Preto, la ciudad de oro.
Y te amé, y te amaré, y te amo.

OuroPreto

Recuerdo, no perfectamente porque eso sería mentir, digo, recuerdo la primera vez que escuché Amelia. Corría la segunda mitad de 1992, sería más o menos esta época, septiembre, quizás octubre. Estaba en la casa de Juan junto con otros amigos. Habíamos llegado de la entonces Escuela Superior de Periodismo y Comunicación Social, donde armamos el Seminario de El VideoClip y su Influencia en la TV por el cual nos terminaron dando un premio Bertholet, que fuimos a recibir disfrazados y en mi discurso dije que el seminario fue producto de noches de “cerveza y barbitúricos”. Por supuesto, otra mentira, pero me estoy adelantando.
Yo quería hablar de la primera vez que escuché Amelia. Llegamos a lo de Juan de noche con la chancha, es decir, el proyector que nos prestaban en el Colegio de Arquitectos para el Seminario, pero que llevábamos todas las noches en el 520 convenientemente escondido en el bolso verde de Juan, para ver películas. Creo que esa noche teníamos cuatro y es posible que dos de ellas fueran La noche de las narices frías y Ciudadano Kane. Juan preparó unas pizzas, creo. Mientras tanto, puso el disco de Joni Mitchell en el reproductor de CD de su escritorio/biblioteca/sala de lectura y me tiré en el catre que oficiaba de cama, en la oscuridad. El primer tema, Coyote, no me llamó demasiado la atención, debo reconocerlo. Pero con los primeros acordes de la guitarra en Amelia el mundo desapareció. Es uno de los recuerdos más luminosos y definidos de aquella época, que tiene muchos hitos.
Por supuesto, la canción hace referencia a la aviadora Amelia Earhart. Pero en 1992 no sabía quién era. Solo me importaba esa música, esa voz, esa letra que me fascinó leída en el booklet del CD.
Me pregunto si el resto de las personas que estaban conmigo esa noche la recuerdan como yo la recuerdo. La memoria es rara.

I was driving across the burning desert
When I spotted six jet planes
Leaving six white vapor trails across the bleak terrain
It was the hexagram of the heavens
It was the strings of my guitar
Amelia, it was just a false alarm

The drone of flying engines
Is a song so wild and blue
It scrambles time and seasons if it gets thru to you
Then your life becomes a travelogue
Of picture-post-card-charms
Amelia, it was just a false alarm

People will tell you where they’ve gone
They’ll tell you where to go
But till you get there yourself you never really know
Where some have found their paradise
Other’s just come to harm
Oh Amelia, it was just a false alarm

I wish that he was here tonight
It’s so hard to obey
His sad request of me to kindly stay away
So this is how I hide the hurt
As the road leads cursed and charmed
I tell Amelia, it was just a false alarm

A ghost of aviation
She was swallowed by the sky
Or by the sea, like me she had a dream to fly
Like Icarus ascending
On beautiful foolish arms
Amelia, it was just a false alarm

Maybe I’ve never really loved
I guess that is the truth
I’ve spent my whole life in clouds at icy altitude
And looking down on everything
I crashed into his arms
Amelia, it was just a false alarm

I pulled into the Cactus Tree Motel
To shower off the dust
And I slept on the strange pillows of my wanderlust
I dreamed of 747s
Over geometric farms
Dreams, Amelia, dreams and false alarms

Túneles y aniversario

Escribo este texto a las 23 horas del 24 de agosto de 2013. Increíblemente, ayer hizo nueve años que comencé con este blog. No voy a volver sobre todo lo que hice antes; ya escribí el año pasado una larguísima entrada sobre eso.

Esta vez decidí regalarles algo que tengo guardado desde hace mucho. Más exactamente, desde abril de 2010. En esos días, mis amigos Ezequiel y Agustín descubrieron, o mejor dicho redescubrieron, uno de los túneles que corren bajo la superficie de la ciudad de La Plata. El túnel estaba en el antiguo regimiento 7, hoy Plaza Malvinas (de 19 a 20 y de 50 a 54). Era uno de los que solo quedaban memorias orales. Por mucho tiempo, solo era una referencia en el (casi) inhallable volumen “Historia Oculta de la Ciudad de La Plata”, el Necronomicón platense, obra de la pluma de Gualberto Reynal. Pero los chicos lo encontraron.
Y al poco tiempo del hallazgo, yo bajé. Ahora se hacen muestras de arte en el túnel; en ese momento, era una puerta al infierno.
Descendimos con Ezequiel, que en ese momento me pidió absoluto secreto, y me dejó tomar fotos y pasearme por el túnel.

Las imágenes quedaron guardadas todo este tiempo. Hace un año y medio comencé a escribir un texto sobre la visita, pero quedó inconcluso. Ahora lo terminé, y lo comparto aquí. No modifiqué las referencias a X e Y. Me gusta ese detalle.

Por fin, acá los dejo con la Visita al Túnel de Plaza Malvinas, abril de 2010. Los invito, además, a hacer click en las fotos para verlas más grandes.

***

Quiero compartir con ustedes algo que guardé durante bastante tiempo. Al principio fue por un pedido especial de las personas que me llevaron allí. Pero ahora, ya no corren esos juramentos por razones que ellos conocen bien.
Así que finalmente, un año y medio después, voy a contarles sobre mi particular descenso a los infiernos de La Plata.
Una tarde de abril de 2010 X. me preguntó por chat si quería bajar al túnel de Plaza Malvinas (50 y 19, a grosso modo), que recién habían redescubierto él y su grupo, para que quede un registro fotográfico. Ese pasaje fue comentado por Gualberto Reynal en su incunable (y hoy en día inhallable) “Historia Oculta de la Ciudad de La Plata”:

La Plata no tiene la antigüedad de Buenos Aires pero, según mi hipótesis, poseería una red de túneles, una de cuyas ‘bocas’ está ubicada en el ex-predio del Regimiento 7º de Infantería, exactamente bajo la Avenida 51 e/19 y 20. Al advertir este autor, que con los arreglos en lo que será la Plaza ‘Islas Malvinas’, se estaban taponando con tierra y basuras las escalinatas descendentes de acceso al túnel, me dirigí en reclamo, ante las autoridades municipales y provinciales, mediante expedientes -pendientes aún de resolución- que me permitirán ampliar debidamente este tema” (“La Historia Oculta de la Ciudad de La Plata”, Tomo III, diciembre de 1993).

Entonces era verdad, me dije. Y tomé el trípode, mi querida (y ahora, hace tiempo vendida) Canon G9, me puse ropa poco delicada, ya que había que meterse en el barro, y arranqué.

Las dos entradas, tapiadas, del túnel están a unos 50 metros de distancia una de otra en el medio de la plaza. La que yo usé para entrar está cerca del pabellón de techo metálico ondulado (no sé muy bien cómo definirlo, pero quien conozca el lugar se dará cuenta enseguida). La otra abertura está muy cerca del bar. Es decir, tal como afirma Reynal, cruzan por debajo de la continuación de 51, avenida que al parecer se cerró para formar la plaza. Digo “al parecer” porque yo no conocí el lugar antes.
Las entradas se sellaron con cemento y ladrillos. Sobre ellas quedaron unos cuadrados de material, de relativamente poca altura.

En la imagen de Google Maps, señalé las aberturas con puntos rojos, y en naranja el recorrido del túnel. La flecha apunta en la dirección en que lo recorrí. Ojo, son ubicaciones aproximadas, para que se den una idea.
mapa

Cuando llegué, me encontré con esos cuadrados rodeados con indicaciones de “no pasar”. Al lado charlaban unos chicos, indiferentes.

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Me recibió Y. Ya sabía que X. no iba a poder ir. Y. me prestó un par de botas altas, ya que el suelo del túnel estaba inundado. Al parecer había un caño roto desde mucho tiempo atrás y el túnel se había llenado de agua.

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Por acá nos metimos…

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…y esto fue lo que vi. Si la imagen es asombrosa, no pueden saber lo que fue estar ahí. El corazón me galopaba en el pecho mientras descendía los escalones. Esquivamos al obrero municipal que trabajaba con su pala y bajamos hasta el fondo del túnel.

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Algo que me sorprendió fue el calor que hacía allí dentro. Realmente fue una visión del Hades. Los que entran ahora los fines de semana a ver exposiciones de arte, no se dan una idea del estado del túnel en ese momento.

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El túnel estaba iluminado por las lámparas que habían colocado sus “descubridores”. Pero al levantar la vista se apreciaba la instalación antigual.

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Esta es la boca en la punta opuesta del túnel a la que entramos.

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Cuando abrieron el túnel y comenzaron a drenar el agua aparecieron unas cuantas cosas. Entre ellas, esta zapatilla.

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Inscripciones en el techo marcadas con un encendedor. No alcancé a entender qué decían.

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El techo lleno de gotas de agua, por el calor y la tremenda humedad.

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Hasta aquí, el texto. Si quieren saber más sobre los túneles de La Plata, pueden darse una vuelta por la página en Facebook: https://www.facebook.com/groups/207468932988/ o por el blog Misterios de la Ciudad de La Plata, en sus entradas sobre Túneles.

I want to go

I want to go

Visto en Buenos Aires.

SuperLuna

Cada tanto se da el fenómeno de que el perigeo lunar, es decir, el momento en el que está más cerca de la Tierra, coincide con la fase llena. La Luna, en esos momentos, se ve hasta un 14 por ciento más grande. Esto se llama SuperLuna y está sucediendo ahora, a fines de junio.

Fotografié la SuperLuna de marzo de 2011, con la ventaja de que cuando la Luna salía aún era de día. Ahora, en pleno invierno, es un desafío conseguir una imagen que no parezca repetida. Estas tres fotos son las que más me gustaron al día de hoy. Clickeando en las fotos las ven en el tamaño original.

SuperLuna
23 de junio, 18.40. Desde 1 y 71, La Plata.

SuperLuna
24 de junio, a la madrugada. Desde el fondo de mi casa.

SuperLuna
24 de junio, 19.45. Desde el piso 15 de la Torre II de la Municipalidad de La Plata, 54 y 12. Es visible el diagonal 73.

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