Una aguja que perfora el cielo

 

Raúl Barón Biza (1899-1964) fue muchas cosas: escritor, cínico, millonario, político, amante, pornógrafo, suicida. Pero ante todo fue un hombre extraño.
No es mi propósito aquí hablar demasiado de él; suficiente hay en el blog Amigos de Barón Biza y en el grupo de Facebook del mismo nombre, y para profundizar sobre su vida no hay como el volumen de Candelaria de la Sota El escritor maldito. Lo que me importa es contarles sobre el primer amor de RBB, su tragedia, su maldición y su sepultura.
Barón Biza conoció a su primera esposa, la actriz suiza Myriam Stefford (en realidad Rosa Martha Rossi Hoffmann) en un viaje a Europa. Se casaron el 28 de agosto de 1930. Tomen nota del mes.
Myriam se aburría en su nueva vida de estanciera, así que se le ocurrió tomar clases de vuelo. A mediados de agosto de 1931 anunció que iba a realizar, junto a su instructor Luis Fuchs, un raid por las entonces 14 provincias argentinas.
Así se lo contó al periodista Luis Pozzo Ardizzi, de Caras y Caretas:
— ¿Piensa utilizar el avión como un medio para viajar?
— i Ya lo creo ! Estoy adiestrándome ahora para iniciar un raid por este país que tanto quiero.
— ¿Será un raid de importancia?
— No sé — dice sonriendo; — eso lo juzgarán ustedes. Pienso hacer un vuelo por las catorce provincias. Y lo haré en mi “avioneta” B. F. W., motor Siemens, de 80 H. P.
— ¿Sabe usted que se ha realizado ya el vuelo sobre las catorce provincias?
— Lo sé. Y si el tiempo me acompaña yo pienso hacerlo también.
— ¿En cuántos días?
Y contesta, sonriendo:
—Sí puedo… en tres…
— ¿Llevará algún nombre característico su avión ?
— Un nombre modesto, ya que el raid lo inicio modestamente. Le he puesto “Chingolo”. Quiero que el “Chingolo” extienda sus alas en un vuelo de aliento…
— Y una vez terminado ese raid, ¿ piensa intentar algún otro?
— Sí. Trataré de demostrar que en un pequeño avión de turismo se pueden hacer vuelos interesantes.
– ¿ . . . ?
— Pienso emprender vuelo hacia Norteamérica. ..
— Es una prueba arriesgada.
— Lo será. Pero sobra entusiasmo para intentarlo.
Y después de esta última frase terminante, la encantadora estrella que ha logrado dominar todos los deportes se despide de nosotros para reiniciar su entrenamiento.
(Caras y Caretas 1715, 15 de agosto de 1931, página 18)

El “modesto raid” terminó trágicamente el 26 de agosto, dos días antes de su primer aniversario de casamiento. El Chingolo II (el I había sufrido desperfectos y por eso habían tenido que cambiar de avión) se desplomó por causas que nunca quedaron claras en cercanías de Marayes, en la provincia de San Juan. Para Barón Biza fue el horror; para los medios nacionales, que amaban a la pequeña aviadora, fue una catástrofe, y así lo reflejó La Nación en su edición del 27.




(Click en el mapa para agrandarlo)

 

Tres días después del accidente, Stefford (a quien nunca se menciona como “la señora de Barón Biza”, cosa poco usual para la época) y Fuchs son sepultados en el Cementerio de la Recoleta.

 

La actriz y aviadora fue sepultada en el panteón que en ese momento llevaba el nombre de Wilfrid Barón, el padre de Barón Biza. El mausoleo pasó después a la familia Fabre y luego a la familia De Viñas, la actual dueña.

Myriam no estuvo mucho tiempo en la Recoleta, ya que Raúl Barón Biza mandó construir el sepulcro más grande del país, una monstruosidad de 82 metros de altura, en su campo de Los Cerrillos, próximo a Alta Gracia, provincia de Córdoba. Le encargó a su amigo, el ingeniero Fausto Regino Newton (pavada de nombre) un monumento en hormigón armado, acerca de cuyo significado aún hoy en día nadie se pone del todo de acuerdo. ¿Es el perfil del ala de un avión, como se suele decir? ¿Es un obelisco, más alto que el porteño, como destacan los cordobeses? ¿Es un símbolo egipcio de resurrección, como leí por ahí? La cuestión es que el monumento se inauguró en 1935. Myriam Stefford fue trasladada allí el 22 de noviembre de 1935 para ser sepultada bajo varios metros de cemento, y en ese momento comenzaron a circular las leyendas. Se dice que fue enterrada con sus joyas, entre ellas el diamante maldito de 45 kilates Cruz del Sur; que Barón Biza puso trampas para evitar que violen el sepulcro, incluso colocó explosivos; que en la cima había un faro y su luz se podía ver desde muchos kilómetros a los alrededores.
La verdad es que el monumento sigue allí después de tantos años, después de la segunda gran tragedia en la vida de BB: una tarde de agosto de 1964 le arrojó ácido a la cara de su segunda esposa, Clotilde Sabatini, y acto seguido se descerrajó un balazo en la sien.
El campo de Alta Gracia había sido vendido muchos años antes.

Así luce ahora, en medio de un singular abandono. Hay un proyecto que anda dando vueltas para convertir el lugar en un parque temático, sobre la figura del enigmático escritor y su joven mujer fallecida de manera tan prematura.
Mientras tanto, el ala congrega curiosos, amantes de la arquitectura, estudiantes de cine como los que Gabriel, Mabel y yo nos encontramos; también, a camionadas de melancólicos: hubo varios suicidios perpetrados desde la ventana más alta del obelisco.
No sé cuál será su futuro.

Originalmente, el monolito sostenía el motor del Chingolo II y había muchas placas. El motor fue luego colocado dentro del obelisco y manos anónimas retiraron las placas.

 

Termino con una apreciación personal. La entrada del monumento estuvo abierta durante muchos años, pero el vandalismo y los intentos de profanación hicieron que la puerta con el nombre de Myriam Stefford fuera cerrada y soldada. Ya nadie sube los cientos de escalones hasta la cima; la última vez se supone que fue en 2008. Cuando me paré frente a ese nombre sentí por un lado una profunda ansiedad: quería pasar como fuera, o aunque sea entrever algo de esa oscuridad. Y a la vez sentí que algo rondaba allí, una energía poderosa, antigua y negra como la noche. Creo que sería un buen lugar para visitar bajo las estrellas y hacer experimentos con psicofonías. Pero eso será otra historia.

La banda: Mabel, un servidor, y Gabriel.

Marcelo Metayer Written by:

2 Comments

  1. Gabriel
    16 septiembre, 2018
    Reply

    Muy buena reseña

    • Marcelo Metayer
      18 septiembre, 2018
      Reply

      Muchas gracias Gabriel…Allí estuvimos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *