Uróboros

El uróboros, o ourobouros (del griego ουροβóρος, literalmente serpiente que se come su propia cola), es el símbolo del infinito para los gnósticos. Según el Diccionario de Símbolos de Juan-Eduardo Cirlot (Labor, Barcelona, 1992),

En el sentido más general, simboliza el tiempo y la continuidad de la vida. En sus representaciones lleva por complemento una inscripción que dice: Hen to pan (el Uno, el Todo). Así aparece en el Codex Marcianus del siglo II después de Jesucristo. Ha sido interpretado también como la unión del principio ctónico de la serpiente y el principio celeste del pájaro (síntesis que puede aplicarse al dragón). Según Ruland, ello lo define como variante simbólica de Mercurio, el dios dúplex. En algunas representaciones, la mitad del cuerpo del animal es clara y la otra oscura, aludiendo a la contraposición sucesiva de principios, cual en el símbolo chino del Yang-Yin. Según Evola, es la disolución de los
cuerpos: la serpiente universal que, según los gnósticos, camina a través
de todas las cosas
. (…) Señala el doctor Sarró, en su artículo El mito de la serpiente Ouroboros y el simbolismo letamendiano del organismo, que este mito se refiere a la idea de una naturaleza capaz de renovarse a sí misma cíclica y constantemente, según Nietzsche en El eterno retorno.

Probablemente el lector conozca al uróboros por la famosa novela La historia sin fin, de Michael Ende. Allí aparece un talismán llamado Áuryn, que es una especie de doble uróboros, dos serpientes entrelazadas que se muerden mutuamente sus colas. (En el reverso del Áuryn figura la frase Haz lo que quieras, de clarísima inspiración crowleyriana, pero ésa es otra historia).

He visto este símbolo, hasta ahora, en dos cementerios: el de Rafaela, Santa Fe, y el de la Recoleta.

La versión de Rafaela es muy particular y me encanta.

Mientras que la que descubrí ayer en Recoleta es la representación más tradicional del símbolo.

Siempre la serpiente alada, el dragón y el infinito.

Por otra parte, lo que me fascinó de la sepultura de los Andrade es una escultura prácticamente escondida a la vista, sobre el techo. Supongo que se trata de Elena Andrade.

Marcelo Metayer Escrito por:

2 comentarios

  1. Flavio
    5 octubre, 2019
    Responder

    Excelente blog! Vamos para adelante!

    • Marcelo Metayer
      5 octubre, 2019
      Responder

      Gracias amigo! Acá estamos… de vuelta en los blogs como hace más de diez años. Abrazo.

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