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Las Mansiones de la Noche

Pasaron más de dos semanas desde la noche de la muestra, pero han sido dos semanas alocadas, en las que sucedieron demasiadas cosas, y por eso aún no he tenido tiempo de escribir.
Ahora estoy sentado esta calurosa mañana del 19 de noviembre, 125 años después de aquella en que Dardo Rocha y compañía enterraran aquella caja con champagne, medallas masónicas y un mensaje al futuro en el centro geométrico de lo que luego fue, para bien y para mal, la ciudad de La Plata. Digo, estoy sentado dispuesto a contar un poco lo que sentí antes, durante y después de mi primer exposición fotográfica, la muestra sobre cementerios, que finalmente y tras largas cavilaciones se llamó: Las mansiones de la noche.

1. Antes.

La muestra fue un viernes a la noche, como dije, en el marco del ciclo Viernes D, que organiza la revista El Acorazado de Bolsillo. El lunes de esa semana todavía no tenía completamente decidico qué fotos iban a formar parte… El lunes por la noche, en casa, hice la elección definitiva. 13 fotos (el número era lo único que ya sabía), la mayoría del Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Casi por casualidad: el viernes anterior había estado allí de nuevo con Robert y justo el cielo se nubló buscando la tormenta. De ese modo creó un marco perfecto y ominoso para las imágenes.
El martes llevé las fotos a Vida Color, a la vuelta del laburo, para copiarlas. [Va publicidad gratuita: el local queda en 6 n º 830, entre 48 y 49, La Plata. He probado, en estos últimos años, muchos lugares para estos menesteres, y aquí he tenido los mejores resultados. Además de que la atención es de primera.]. Al día siguiente las tenía en mi poder. Me quedé asombrado ante el poder que irradiaban esas fotos. Muchachos: las fotos en papel, por mal que nos pese a los amantes de las cámaras digitales, aún conservan un aura inigualable. De hecho, casi no podía creer que yo hubiera tomado esas fotos; me parecían de otro.

Después de unas charlas con Gonzalo sobre cómo montarlas para la exposición, quedamos en que él compraría el cartón y me ayudaría a presentarlas.

Llegó el viernes. A las cuatro de la tarde, pocas horas antes de la muestra, llegué a lo de Gonza. ¿Dije que él me ayudaría? Terminó haciendo TODO, y hasta me regaló el cartón… Un grande. Yo le cebaba mate, mientras él cortaba y pegaba, y mirábamos ‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres’ en DVD.

 


Vean este video.Descanso
Un descanso en la tarea.Tarea terminada
Tarea concluida: las fotos en la mesa de Gonzalo.Eran más de las ocho cuando me tomé un taxi y arranqué para 49 entre 9 y 10. Subí la escalera de la Casa del Pueblo y me estaban esperando. Oscar, el encargado de las muestras (que además había expuesto su propio material el viernes anterior) me preguntó cómo la quería armar. Todos los paneles uno al lado del otro, fue mi respuesta. Así que pusimos los rectángulos de aglomerado sobre pies del mismo material y los acomodamos contra la pared opuesta a la de la sala de espectáculos. Luego, mientras él y otro flaco armaban las luces, yo pegaba los cartones con cinta de papel.El armado.
El armado.

Casi las nueve. No quería andar con la mochila cargada y ya estaba todo listo. Me fui para la agencia y me puse a charlar con los chicos. Laura me armó en tiempo récord un recipiente de cartón para poner las tarjetitas que había impreso apurada pero certeramente (luego vería que fue una buena decisión). Ya iba a salir, cuando Martín me dijo que me llevaba en el auto. Y salimos hacia Las mansiones de la noche, esa noche del 2 de noviembre…

2. Durante.

Qué experiencia extraordinaria fue la muestra. Lo digo en el sentido siguiente: estamos acostumbrados a que lo que hacemos, y nos parece que es interesante, sea visto por nuestros amigos y conocidos, porque nosotros hacemos el esfuerzo de mostrárselos. Pero que completos desconocidos se paren frente a una foto que yo he tomado, sin tener idea de la persona que la hizo ni de su historia ni mucho menos de la historia que hay detrás de esa imagen, y la analicen y digan “me gusta”, “no me gusta”, “es interesante”, y demás etcéteras, es rarísimo. Volví a sentir eso que ya dije: que las fotos eran de otro. En este caso, de otros, de los espectadores. Pertenecían al mundo, a aquellos que se las estaban apropiando para sus respectivos universos de significación. Yo, más que un artífice, era (soy) un intermediario, un cómplice, un testaferro.






El cartelito con una breve (no tanto como hubiera querido) biografía y el tarjeterito made in Schneider.


Con Juan y Laura, dos de los tantos queridos amigos que decidieron pasar un rato.


Más sorpresas. Carolina y Carina, nada menos. Jamás hubiera esperado estas presencias. No puedo dejar de nombrar a Mariana, una gran amiga, que pasó cuando yo no estaba y debió irse rápido, lamentablemente.

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Intentando explicar lo inexplicable, je.

Mientras esto sucedía, en el salón de espectáculos hubo lectura de cuentos y poemas, una obrita de teatro y varios grupos musicales. Uno de ellos, particularmente, me gustó mucho. La formación muy sencilla: una chica en bajo, un flaco en batería y otro en guitarra acústica. El combo se hace llamar Miope; búsquenlo en las agendas de la ciudad, no se van a arrepentir.
Todo esto lo vi y oí sentado cerca de la puerta, junto a Cari, Caro, Juan, Laura, Martín. Luego pasarían Sole y Gastón S, con otra Sole, muy linda ella. Comimos unas regias pizzas y tomamos cerveza Schneider Stout, muy recomendable, una especie de Guinnes para el pobre.


María Eugenia, otra colaboradora de El Acorazado de Bolsillo.


Vengo a ser: yo.

Esta es la última de las fotos que tomó Martín con su Nikon D50.

 


Antes del final, del desguace, un panorama en video de la muestra.
Con Gastón Luppi, amigazo de noches platenses…
Y finalmente, de nuevo con Gonzalo, a las 2 y pico de la mañana, una madrugada inolvidable.3.Después.

¿Qué sigue? La experiencia, no me canso de repetirlo, fue fantástica, y agotadora. Las semanas previas fueron un delirio, y de golpe ya estaba. Así de sencillo. Ahora las fotos están prolijamente guardadas en una bolsa, y se las muestro a quien venga a casa. Pero sé que no son mías: sólo están durmiendo, esperando ser colgadas de nuevo en otras paredes, en otros paneles, para que se las lleven otras retinas.
Ya llegará el momento de empezar otra vez con esta expo, o con otras. Pienso en una de nubes; soy fanático de las mutaciones del cielo y tengo miríadas de fotos. Otra de retratos. Incluso podría hacer una exposición sólo de fotos de Abril, de mi amada hija que tantas veces fue mi modelo.
En fin. Ayer le mostré por primera vez las fotos a Padre, a quien le llamó la atención el nombre de la muestra. “Las mansiones de la noche, pensar que todos vamos a ir a vivir allí al final”. Y sí. Mientras tanto, por qué no hacer un poco de investigación inmobiliaria: admirar las casas que uno, quiera o no, va a terminar habitando.

2 Responses to “Las Mansiones de la Noche”

  1. Fefe dice:

    Te felicito por el buen gusto y por el sentimiento que noto influye en tus fotos. No soy un gran conocedor del tema (apenas si intento de vez en cuando sacar una linda foto)pero se nota algo especial en tus composiciones. Saludos
    Federico

  2. Mar dice:

    Gracias Fede, me gustó que viste el sentimiento. La verdad, fotografiar es una pasión. Siempre digo, un poco en broma, que no soy corto de vista sino que tengo los ojos gastados de tanto mirar…

    Un abrazo.

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